Origen y evolución del hombre

"En relación a los métodos, puede haber un millón y quizás más, pero principios hay pocos. Aquel que se adhiere a los principios puede elegir sus propios métodos. Aquel que prueba métodos ignorando los principios, de seguro tendrá problemas". –Ralph Waldo Emerson


Antes de empezar a hablar sobre alimentación, actividad física y deporte para mejorar tu salud,  vamos a hablar un poco sobre la evolución humana, los principales cambios  que han marcado nuestra historia y como estos han influenciado en nuestro desarrollo y salud. Si conoces algunos conceptos y principios básicos sobre el ser humano y  su evolución, estos te ayudaran a sostener mejor los métodos para mantener una buena salud.




Nuestras verdaderas raíces se remontan a  unos 7 millones  de años, cuando apareció el primer homínido, el llamado Australopithecus, a diferencia de los simios estos ya caminaban erguidos, tenían las manos libres y podían correr. Posteriormente apareció el género Homo hasta nuestros días.

Durante millones de años hemos competido con los depredadores más feroces de la tierra, hemos dominado el fuego, fabricado herramientas y hemos sobrevivido a desastres y catástrofes naturales. Toda una lucha por la supervivencia y casi nos extinguimos. Si hoy estamos aquí es porque nuestros ancestros lograron sobrevivir a épocas de hambruna, climas extremos y depredadores naturales, éramos una especie fuerte, si, lo éramos, porque  hoy en día el entorno equivocado en el que vivimos nos ha vuelto débiles, no solo ya no somos capaces de enfrentarnos a depredadores, ni siquiera somos capaces de enfrentarnos al frio sin calefacción, y en lugar de hambrunas las principales causas de muerte de la sociedad actual vienen determinadas por el sedentarismo y la opulencia en la dieta.
Durante 2.5 millones de años los primeros homínidos se alimentaban  de la recolección de vegetales, fruta, huevos y de pequeños animales, insectos y reptiles, no es hasta el Homo heidelbergensis (hace unos 500.000 años) donde se hace más patente una dieta con predominio de la carne, su fuente de alimentación ya procedía de la caza de animales, la pesca, huevos  y también de la recolección de frutos, semillas, tubérculos y vegetales. Esta etapa se la conoce como el Paleolítico,  es el periodo más largo de la existencia del ser humano de  y se caracteriza por una evolución muy lenta. Fue aquí donde se forjo nuestro metabolismo a través las tres necesidades esenciales, moverse para comer, comer para moverse y treproducirse. Sin embargo, cuando el hombre aprendió a cultivar plantas y a domesticar a los animales, hace aproximadamente unos 10.000 años, (el Neolítico) la evolución humana se aceleró más que nunca, con la llegada de la agricultura y la ganadería se hizo un cambio trascendental en la forma de vida y la  alimentacióncomenzaron a mantenerse por periodos largos cuidando las plantas que los alimentaban, surgieron los primeros poblados y la vida  sedentaria.

Cuando los primeros agricultores pasaron a depender de las cosechas para asegurarse la supervivencia, su dieta perdió variedad nutricional en comparación con la de los cazadores recolectores. Apareció el cultivo de los  cereales con la predominancia de trigo, (la planta que ha alimentado a la humanidad durante miles de años), aprendieron a ordeñar a los animales para obtener la leche y usarla como alimento. El desarrollo de la ganadería dio lugar a la trashumancia, se establecieron las  comunicaciones y contacto frecuente con otros pueblos y tribus, fueron surgiendo sociedades cada vez más complejas y hay una constante evolución que ya no se detiene.

El siguiente cambio trascendental que ha sufrido la humanidad es más reciente, este se remonta al siglo VXIII,  entre los años 1820  y 1840, La llamada Revolución Industrial. Durante este periodo de tiempo se vivieron las mayores transformaciones socioeconómicas y tecnológicas de la historia de la humanidad desde el Neolítico, se pasó de una economía rural basada principalmente en la agricultura, artesanía  y autoconsumo a una economía industrializada y mecanizada.

Antes de la revolución industrial la producción de alimentos era baja por la baja producción de los campesinos, la Revolución Industrial aumentó la productividad del trabajo humano, fue desapareciendo el mundo de los pequeños productores agrícolas y artesanales, sustituido por el de las fábricas y la nueva industria. Con la Revolución industrial llego también la industrialización de los alimentos. El hombre, sumergido en el frenético ritmo de las nuevas ciudades deja la agricultura y la alimentación a mano de la industria, y esta cambia radicalmente la forma de alimentarnos, desafiando las leyes de la naturaleza y la evolución humana, sustituyendo los alimentos reales por otros procesados y creados en un laboratorio, transformando la agricultura y la ganadería, manipulando genéticamente los cultivos y la intoxicación con pesticidas. El azúcar se populariza y la industria se da cuenta de su potencial  y de cómo este cautiva al consumidor haciéndolo comer compulsivamente. Nacen miles de productos envasados y bebidas azucaradas para consumir entre horas,  dentro de estos productos van apareciendo miles de desconocidos ingredientes que nunca antes habíamos consumido….., conservantes, potenciadores de sabor, edulcorantes, saborizantes, antibióticos,  y una interminable lista de aditivos. Llega la era híper tecnológica y con ella se implanta la cultura de comida rápida y la vida híper sedentaria

Y hasta aquí este breve resumen de la evolución humana. A estas alturas creo que cualquier lector puede intuir que con este proceso de cambios no se avecina nada bueno, y así es, las enfermedades de la civilización occidental y las miles de vidas que se saldan cada día por este estilo de vida y alimentación son el precio que estamos pagando por este desajuste evolutivo.


Ante esta situación, las recomendaciones nutricionales y de hábitos saludables que emiten las instituciones sobre salud son "claras”.

Una correcta alimentación, equilibrada y variada, acompañada de unos hábitos de vida saludables, es la receta ideal para conseguir un buen estado de salud. Comer alimentos variados, así aportará todos los nutrientes y la energía que necesita para afrontar el día.

Suena bien ¿verdad?  Pero solo es pura verborrea,  frases bien sonantes que no nos aclaran nada,  y mucho menos cuando la inmensa mayoría de productos que habitan en las estanterías de los supermercados son los culpables de esta epidemia y nunca deberían haber formado parte de una dieta saludable.

Pese a esto,  en la década de los 70 surge por primera vez el concepto de dieta paleolítica, concretamente en 1975 cuando el gastroenterólogo Walter L. Voegtlin, tras años de experiencia tratando a pacientes con trastornos digestivos con dietas basadas en lo que consumían los cazadores recolectores, escribió un libro: “The Stone Age Diet” (La Dieta de la Era de Piedra) sin embargo, no fue hasta 1985, cuando S. Boyd Eaton y Melvin Konner, ambos de la Universidad de Emory, publicaron un documento clave sobre la nutrición de los humanos en el Paleolítico en el New England Journal Of Medicine, lo que permitió el reconocimiento médico general de la dieta paleolítica. 


A partir de entonces no han sido pocos los científicos, nutricionistas y médicos de todo el mundo que investigan sobre los beneficios de la nutrición humana basada en la evolución, y dado que en la nutrición los factores de confusión son muy elevados,  este enfoque  establece como punto de partida la primera dieta que hemos tenido, con la que más en contacto hemos estado la mayor parte de nuestra evolución y a la que teóricamente estamos más adaptados, la de los cazadores recolectores del paleolítico, o dicho de otra modo, nuestros genes  se forjaron durante millones de años adaptándose a una serie de condiciones, alimentos, y a un entorno en el cual necesitábamos movernos para comer y comer para movernos. Parece ser que nuestros genes no han cambiado prácticamente nada desde entonces, y ahora, cuanto más nos alejamos de este entorno más nos enfermamos. 


Loren Cordian, científico especializado en los campos de la nutrición y fisiología del ejercicio, afirma que  las enfermedades cardiovasculares son el resultado de una dieta y estilo de vida en desacuerdo con nuestro genoma Paleolítico.

Es cierto que en los últimos 10.000 años hemos evolucionado más que nunca en la historia, sin embargo genéticamente no ha sido así. En los últimos 160.000 años el ser humano no ha evolucionado prácticamente nada. El código genético del humano actual comparte el 99,9% de los genes con el de los cazadores recolectores.  

Según el paleoantropólogo John Hawks, genéticamente aún no hemos tenido tiempo para adaptarnos a los alimentos que han ido apareciendo desde el Neolítico, Estos alimentos son los lácteos, los cereales, legumbres, aceites vegetales,  grasas trans, azúcar y procesados.

Uno de los ejemplos más claros es el caso de los lácteos. Alrededor de un 35 % de la población mundial es intolerante a la lactosa. Esto se debe a que  durante millones de años la única fuente de lactosa de los humanos procedía de la leche materna, con lo cual, al dejar de consumir la leche materna se dejaba de producir  lactasa, (una enzima que solo se sintetiza durante la infancia de todos los mamíferos y nos permite digerir la leche), solo cuando la evolución nos llevó a la agricultura y a la domesticación de los animales y los lácteos pasaron a formar parte de nuestra dieta, en algunas poblaciones hubo alguna mutación genética que permitió seguir produciendo la enzima lactasa de adultos, aun así, después de 10.000 años y siendo una de las presiones selectivas más fuertes  que se conocen, aun no estamos adaptados al 100 %, esto nos lleva a pensar que las probabilidades de que estemos adaptados a las legumbres y a los cereales es muy baja, y de los productos refinados y procesados ya ni hablamos









Sobre los cereales hay 8 variedades que se consumen en la actualidad (trigo, centeno, cebada, avena, maíz, arroz, sorgo y mijo) Cada una de estas variedades  derivan de precursores silvestres cuyos orígenes fueron bastante localizados. El trigo y la cebada fueron domesticados hace sólo 10.000 años en el Cercano Oriente, el arroz fue domesticado hace unos 7.000 años en China, India y el sudeste asiático, el maíz fue domesticado hace 7.000 años en el Centro y Sur América, el mijo fue domesticado en África hace 5.000-6.000 años, el sorgo fue domesticado en África oriental hace 5.000-6.000 años, el  centeno fue domesticado  hace 5.000 años en el suroeste de Asia y avena hace 3.000 años en Europa.

Las semillas de los cereales actuales habrían sido inaccesibles para la mayor parte de la humanidad hasta después de su domesticación (en el Neolítico) por su distribución geográfica limitada. Además, la versión salvaje de estos granos era mucho más pequeña que las versiones domesticadas y muy difíciles de recolectar a gran escala, y para cosechar granos de cereales se requieren procesos a gran escala, hoces, aventando bandejas (cestas), palos de trilla, piedras de moler, y aparatos de cocina. No hay evidencia que indique que esta combinación de tecnología fuese usada por los homínidos hasta el Neolítico, así pues, los cereales son un alimento relativamente reciente para los humanos y nuestra fisiología todavía no está ajustada y adaptada a su presencia, con lo cual una ingesta diaria de cereales causa trastornos en el intestino debido al alto contenido de antinutrientes. 

Los antinutrientes son compuestos bioactivos con capacidad toxica que contienen todas las plantas, estos compuestos tóxicos son el propio mecanismo de defensa de las plantas, estos las protegen de los depredadores herbívoros o para garantizar su espacio vital. Uno de los antinutrientes presente en los cereales son los fitatos, estos se caracterizan por la facilidad en reducir la biodisponibilidad de minerales, especialmente calcio, hierro, magnesio y cinc. Otro ejemplo es el gluten, un conjunto de proteínas contenidas en la harina de varios cereales, concretamente en el trigo, la avena, la cebada, el centeno y sus variedades. Aunque esta insuficientemente diagnosticada, alrededor de un 1 – 2 % de la población mundial padecen la enfermedad celiaca, una enfermedad autoinmune bien definida por la intolerancia permanente al gluten. También las lectinas pueden dañar la barrera intestinal. 

Otros alimentos que no se escapan de los antinutrientes son las legumbres, sin embargo, perece ser que al ponerlas en remojo antes de cocinarlas y el propio hecho de cocinarlas hace que disminuyan estas sustancias.




Es cierto que todas las plantas y frutas contienen antinutrientes, pero no se consumen con la misma frecuencia y nuestro grado de adaptación es mayor cuando hablamos de frutas y verduras ya que estas las consumimos desde hace millones de años. El problema es que los cereales tienen mayor concentración de antinutrientes, estamos menos adaptados y constituyen una parte sustancial de la dieta humana, y esto hace que estemos constantemente expuestos a estos antinutrientes como el gluten de trigo, los fitatos y la lectina de trigo, y hasta la fecha no hay evidencia científica de que estos antinutrientes sean seguros a largo plazo, sin embargo hay estudios que describen cómo el consumo de trigo y otros cereales pueden contribuir a la manifestación de inflamación crónica y enfermedades autoinmunes mediante el aumento de la permeabilidad intestinal y el inicio de una pro- respuesta inmune inflamatoria.


Estudios sobre cazadores-recolectores contemporáneos como los indígenas tsimane, en Bolivia,  los inuit, habitantes de la tundra ártica y los hadza de Tanzania, aun teniendo unos biomarcadores que en nuestra sociedad consideramos desfavorables, han demostrado no tener predisposición a este tipo de enfermedades como síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares. Sus dietas eran diferentes en cuanto a alimentos y macronutrientes, sin embargo todas estas poblaciones tienen algo común, no  consumen ni cereales, ni procesados y tienen una actividad física elevada. 

Paradójicamente, los países más desarrollados nos caracterizamos por gozar de un sistema de salud publica vanguardista con los últimos avances tecnológicos, lleno de profesionales de la medicina curativa y especialistas en enfermedades, pero carecemos de profesionales de la prevención y de la salud integral, somos lideres en mantener vivos a los enfermos!. Parece ser que sostener una sociedad enferma es mas rentable para mantener una economía sana en un sistema donde se mezclan los intereses de la industria farmacéutica y alimentaria. 

Hemos cambiado nuestro patrón alimentario, la mayoría de calorías que ingerimos provienen de productos y no de alimentos reales, hemos construido un mundo tan lleno de comodidades que podemos pasar días y días sin realizar ninguna actividad que nos altere el pulso, pasamos una media de 14 horas al día sentados, no respetamos los ritmos circadianos, nos acostamos tarde y nos levantamos temprano a golpe de despertador, no descansamos las horas suficientes, nos exponemos a la luz artificial y casi no vemos la luz solar,  y cuando no respetamos estas leyes de la naturaleza se producen desequilibrios en nuestro organismo que desembocan en un estrés permanente y hacen que nuestra salud se tambalee.


   

Con toda esta información en nuestra mano queda claro que la opción de mejorar nuestra salud esta cada vez más en nuestro tejado y depende en gran parte de nuestra alimentación, la actividad física y estilo de vida. 

Que nuestra alimentación se base principalmente en alimentos reales y naturales, en vegetales, tubérculos, frutas, frutos secos, carnes de pasto, pescados, mariscos, huevos y evitar  todo tipo de alimentos procesados, azucares, cereales y lácteos.

Hacer ejercicio 5 o 6 veces a la semana. Dado nuestro estilo de vida, el deporte ha dejado de ser lo que muchos consideran un simple rol estético y se ha convertido en la necesidad de recuperar las capacidades físicas y motrices del ser humano.

Respetar el ritmo circadianos. El ritmo circadiano es el ritmo biológico que regula las funciones fisiológicas, es nuestro reloj biológico el que nos dice cuando tenemos que despertar, comer o dormir. La luz del sol o la oscuridad de la noche determinan este ciclo y provocan estímulos al cerebro para que aumente la actividad o la disminuya, sin embargo alteramos estos ciclos con la luz artificial, exposición a la pantalla de TV, ordenadores, móviles etc. Una opción interesante es disminuir la intensidad de la luz y evitar las pantallas a partir de ciertas horas e intentar dormir entre 7 y 8 horas al día.


Fuentes, Referencias:

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